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  • El negocio de los trabajos doctorales por encargo abre un debate en el seno de la comunidad científica

  • Una empresa de Elche con varios profesores universitarios asegura haber realizado más 800 tesis en 10 años

Más allá de si Francisco Camps cometió medio centenar de plagios o no en su tesis doctoral, hay un hecho que ha puesto sobre la mesa el denunciante, Jorge Urdánoz, y que parece que haya pasado inadvertido: el profesor de la Universidad Pública de Navarra se pregunta cómo es posible que con «solo» 23 meses de elaboración, el que fuera presidente de la Generalitat Valenciana pudiera acabar su tesis con un Gobierno que dirigir y una defensa en el juicio del caso Gürtel que preparar. Según el docente, solo una «hazaña académica» explicaría el «récord» de Camps cuando «el resto de los mortales» tardan unos seis años y medio en darle fin a su proyecto doctoral.

Y más allá del caso Camps, en manos de la comisión pertinente de la Universidad Miguel Hernández de Elche -donde hizo su defensa- cuyos miembros decidirán si entran a revisar el texto, nos hemos preguntado si es posible encargar una tesis a la carta para que sea elaborada en un tiempo determinado. La respuesta, como casi todo, está en internet donde proliferan empresas que ofrecen este y otros servicios relacionados, como la redacción del Trabajo Fin de Grado o de Máster. Algunas de las webs hacen una descripción vaga de su cometido: «te asesoramos en la redacción de tu tesis»; otras abiertamente se descubren: «¿Quieres disfrutar tu tiempo libre pero tus trabajos te lo roban todo? Déjanos a nosotros. Nos ocupamos de tu tesis doctoral, así puedes disfrutar de tu tiempo».

«Un profesor universitario experto en la materia se encarga de redactar tu tesis en el tiempo que acordéis», me responde la teleoperadora de TFG Masters a la que le hago la consulta telefónica haciéndome pasar, en un primer momento, por uno de esos doctorandos que tiene poco tiempo, pero sí muchas ganas de finalizar su tesis. Las siguientes preguntas las hace ella para acotar la línea de investigación: a qué departamento pertenece y cuánto tiempo dispongo para entregarla. Le respondo que para junio del año que viene me gustaría tenerla acabada, «Dalo por hecho», me asegura.

Uno de los portavoces de la empresa, con domicilio social precisamente en Elche, dice contar con un amplio equipo de profesores universitarios y licenciados de diferentes campos «que actúan con total profesionalidad». Pero a su vez, también me informan de que en ningún momento conoceré el nombre real del docente que se encuentra detrás de mi tesis «por una cuestión de confidencialidad». De hecho, el cliente tampoco «necesita dar sus datos personales» a la empresa. Con facilitarse los correos electrónicos, ambas partes pueden comunicarse «las veces que quieran».

«Con la crisis muchos profesores de universidad, de instituto y licenciados se han unido a nosotros», asegura el dueño de la corporación que se anuncia en la web tfgmasters.es, quien añade que el Plan de Bolonia les ha dado «más trabajo». En concreto, desde esta empresa han ayudado a realizar cerca de 800 tesis en la última década, afirma uno de los dueños, que prefiere no revelar su nombre.

El precio por una tesis a la carta cuesta «unos 11 euros la página escrita con sus menciones y citas bibliográficas», es decir, 3.300 euros por, pongamos, unas 300 páginas de texto que se pueden pagar «de manera fraccionada» con la entrega del documento que el docente hace al doctorando «al final de cada mes para que el director de la tesis vea que su alumno está progresando en su proyecto».

Esta y otras empresas consultadas también prometen más «seguridades» bajo la premisa de trabajos «100% libre de plagios». «Para ello utilizamos motores de detección de plagio potentes utilizados por muchos centros universitarios para legitimar nuestro trabajo» reza la web tfgmasters.es y que pertenece al mismo «holding» que TFG Masters. En este sentido, se comprometen a desarrollar un trabajo «original» redactado por expertos en cumplimiento de las reglas que marcan «el uso bibliográfico».

Legal o ilegal

Pero, ¿estamos ante una legalidad, ilegalidad o vacío legal? Para el responsable de este negocio «no estamos incurriendo en ningún delito porque nosotros solo estamos ofreciendo un trabajo a una persona y es el alumno el que bajo su responsabilidad presenta el trabajo o no», asegura. «Sólo incurriríamos en delito si presentásemos nosotros directamente el resultado del trabajo en la universidad», añade.

Sin embargo, para Enrique Martín, socio fundador de Ibidem Abogados, cuya especialidad es la propiedad industrial e intelectual, el comprador de la tesis «comete fraude por falsedad documental por atribuirse la condición de autor y obtener un posible beneficio económico y una titulación académica sin contar con los méritos exigidos», por lo que le acarrearía una pena de prisión de tres a seis años.

Asimismo, si el autor real de la obra, el conocido como «negro», hubiera plagiado a terceros, estos «podrían interponer acciones civiles y legales» tanto al que ha escrito la tesis como al que se la ha atribuido, quienes tendrían que responder a penas de entre 6 meses y 4 años. El primero, por ser «autor del plagio» y el segundo «en grado de colaboración».

Otras de las dudas que surgen, ¿a quién corresponde los derechos de autor? Para el letrado de Ibidem, el profesor que está detrás del texto es el propietario de los derechos de autor. «En virtud de la ley esa persona puede ceder los derechos materiales o patrimoniales, pero no los morales, que le son inalienables». Esto significa que «podría reclamar la autoría en cualquier momento», afirma Martín. En contraposición, desde TFG Masters aseveran que «los derechos de autor» les pertenece a ellos y así se les informa a los clientes en los correos electrónicos y así, dicen, aparece en la web.

Por último, y siempre según Ibidem Abogados, la empresa que pone en contacto al comprador con el «negro» sería la responsable de «promocionar» un fraude, «un engaño para el ámbito universitario».

Tribunal amigo

El doctorando se convierte en doctor cuando hace la defensa de sus tesis -o de la que le han escrito- delante de un tribunal evaluador, cuyo sistema de elección no está exento de polémica, como recuerda quien destapó del presunto plagio de Camps, Jorge Urdánoz. A su juicio, estamos ante el «problema más grave», además del ya expuesto en las líneas de arriba. La norma en cuestión «abre las puertas de par en par al amiguismo» porque es el director de la tesis, es decir, el máximo responsable de la calidad del trabajo de su alumno, quien elige a los cinco miembros del tribunal que decidirán el resultado académico del proyecto de investigación.

El profesor de Filosofía del Derecho considera que «un sorteo» entre todos los profesores de un área docente acorde con la línea de las tesis «haría que el azar y no los amigos que tengas» determine la composición de un tribunal que «debería de hacer un seguimiento desde el principio de la elaboración de la tesis, como se hace en otros países», y no solo al final.

 

Fuentes: El Mundo

Autor: EMILIO J. MARTÍNEZ


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