El campo de las ciencias es inmenso, y en ese sentido los tipos de investigación son, básicamente, los distintos métodos que puedes seguir para organizar tu estudio, recoger datos y llegar a conclusiones que puedas validar más adelante.
¿Te suenan esas clasificaciones, pero no terminas de ver la diferencia entre un estudio cualitativo y uno cuantitativo? ¿O no sabes cuál de todas se adapta mejor a tu proyecto?
Para que despejes tus dudas, en esta nota explicaré cuáles son los tipos principales de investigación, así como sus características y, lo más importante, cuándo debes usarlas y para qué sirve cada uno.
Hay que partir de lo básico y la investigación, como tal, es un proceso sistemático y riguroso de búsqueda de conocimiento nuevo o de validación de lo existente, mediante métodos estructurados que incluyen observación, experimentación y análisis.
Según Karl Popper, en su obra "La lógica de la investigación científica" (1934), se trata de un enfoque donde las hipótesis se someten a pruebas para refutarlas y se diferencia de la mera acumulación de datos.
La respuesta es simple, Y es porque los objetos de estudio, los contextos y los propósitos varían ampliamente. Eso quiere decir que se necesitan enfoques adaptados para maximizar la validez y la eficiencia.
Por ejemplo, la investigación cuantitativa se centra en datos numéricos y estadísticas para generalizar resultados, mientras que la cualitativa explora significados subjetivos a través de entrevistas o etnografías.
Si nos vamos al autor Thomas Kuhn, en su libro "La estructura de las revoluciones científicas" (1962), él argumenta que estos tipos vienen de paradigmas disciplinares y que han evolucionado con crisis y avances en el conocimiento.
Palabras más o palabras menos: existen varios tipos de investigación porque la realidad es diversa, cambiante y amplia, y el método que sirve para analizar una temática, quizás no te sirva para otro tema.
Cuando hablamos de tipos de investigación según el enfoque, lo más común (y lo que todo el mundo busca en Google) es dividirlos en tres: cualitativa, cuantitativa y mixta. Básicamente, cada uno responde a preguntas diferentes y usa herramientas distintas.
Es la que va de números, mediciones y estadísticas. Parte de hipótesis ya establecidas, usa encuestas grandes, experimentos o datos numéricos para probar relaciones causales y generalizar resultados a una población.
Además, es objetiva, deductiva (de lo general a lo particular) y perfecta cuando quieres saber cuánto”, cuántas veces o qué tan fuerte es la relación.
Ejemplo típico: una encuesta masiva sobre satisfacción laboral que termina en porcentajes y pruebas estadísticas.
La investigación cualitativa, en cambio, busca entender el porqué y el cómo desde adentro. Es por eso que trabaja con palabras, experiencias, significados subjetivos: entrevistas en profundidad, observaciones, grupos focales, análisis de discursos o etnografías.
Es inductiva (de lo particular a lo general), flexible y se mete en la complejidad de la realidad humana, sin pretender números masivos. Ideal para explorar fenómenos nuevos o profundos, como ¿cómo viven los jóvenes el burnout en el trabajo remoto?
Este tipo de investigación es la unión de las dos anteriores, cuando ninguno de los dos solo te alcanza. ¿Qué la caracteriza? Para empezar, integra datos numéricos y narrativos en un mismo estudio.
Según autores como Creswell o Hernández Sampieri, esto compensa debilidades: la cuantitativa te da amplitud y generalización, la cualitativa profundidad y contexto. Se usa mucho hoy porque da una visión más completa y confiable de problemas reales complejos.
Ahora bien, según el alcance del estudio, estos son los tipos de investigación que encuentras:
Casi siempre se usa cuando el tema es nuevo, poco estudiado o casi desconocido.
No hay muchas teorías sólidas ni datos previos, así que el objetivo es “explorar” para familiarizarte: identificar ideas clave, ver qué variables podrían importar, hacer observaciones iniciales o entrevistas abiertas.
Aquí ya sabes más del tema y lo que quieres es pintar un retrato más detallado (metafóricamente hablando) de cómo es el fenómeno.
Es decir, no buscas causas ni porqués profundos, solo describir:
Por ejemplo, medir cuántos estudiantes universitarios usan redes sociales más de 5 horas al día, qué plataformas prefieren y en qué horarios.
Es un tipo de investigación con un nivel un poco más profundo y se fija en las relaciones entre variables, sin manipular nada.
En esencia, busca ver si dos o más cosas van juntas o se asocian. Por ejemplo, ¿a mayor estrés laboral hay más ausentismo? o ¿el nivel de educación se relaciona con el ingreso mensual?
Es útil para predecir tendencias o identificar patrones, y suele usar estadísticas como correlaciones o regresiones.
Hablamos de un nivel del alcance de estudio más profundo, ya que busca entender las relaciones causales, explicando el “porqué” con evidencia sólida.
Por ejemplo, no solo ver que el estrés y el burnout van juntos, sino demostrar que el exceso de horas extras causa directamente el agotamiento emocional (usando experimentos, controles o modelos causales).
Los tipos de investigación según su diseño metodológico se pueden clasificar en:
Es la que se basa en la manipulación intencional de una o más variables para observar cómo afectan a otra variable, manteniendo el resto de factores bajo control.
Su objetivo principal es identificar relaciones de causa y efecto, lo que la convierte en uno de los diseños más sólidos a nivel científico.
En la investigación no experimental, el investigador no modifica las variables, sino que observa los fenómenos tal como ocurren en su contexto natural. Esto significa que su finalidad es describir, analizar o identificar relaciones, sin establecer causalidad directa.
En este tipo de investigación se analiza un fenómeno en un único punto del tiempo, captando una fotografía de una situación específica. Se utiliza para conocer características, comportamientos u opiniones de una población en un momento determinado.
Estudia un fenómeno a lo largo de un periodo prolongado, realizando varias mediciones para identificar cambios, tendencias o evoluciones. Por lo tanto, permite comprender cómo se desarrollan ciertos comportamientos, condiciones o variables con el paso del tiempo.
Ahora bien, según la fuente o naturaleza de la cual provienen los datos, estos son los tipos de investigación que existen:
En ella, los datos vienen de fuentes ya existentes, como libros, artículos científicos, revistas, periódicos, archivos históricos, informes oficiales, tesis, bases de datos o incluso videos y audios grabados.
No vas a recolectar nada nuevo directamente de la gente o del lugar; solo analizas, comparas y sintetizas lo que ya está escrito o registrado. Es ideal para temas históricos, revisiones de literatura o cuando quieres ahorrar tiempo y recursos, porque no necesitas salir a encuestar ni experimentar.
Los datos se obtienen directamente del lugar donde ocurre el fenómeno, en su entorno natural y real. El investigador sale "al terreno" y recolecta información primaria mediante observaciones, entrevistas, encuestas, cuestionarios o grupos focales.
No manipulas nada artificialmente; solo observas o interactúas con lo que ya está pasando. Es perfecta para entender situaciones sociales, comportamientos o contextos reales, como estudiar cómo viven los habitantes de un barrio específico o cómo funciona una empresa en su día a día.
También conocida como investigación experimental, es el tipo de investigación cuyos datos provienen de un ambiente controlado, como un laboratorio, donde el investigador manipula variables a propósito para ver qué efectos causan.
Además, el control es máximo: aíslas variables, usas grupos de control y experimental, y buscas relaciones causales claras.
Ejemplo: probar un nuevo medicamento en ratones o estudiar el efecto de la luz en el crecimiento de plantas.
Es la investigación que se clasifica según el tiempo en que se recolectan los datos y, según Hernández Sampieri, son estas:
También llamada seccional o de corte, se hace todo en un solo momento o en un período muy corto. Es rápida, barata y fácil de organizar, ideal para describir situaciones actuales, calcular prevalencias o correlaciones en un punto específico.
Por ejemplo, encuestar a 500 estudiantes universitarios hoy para ver su nivel de estrés, uso de redes y notas académicas.
Se le suele llamar evolutiva o diacrónica. Aquí sigues el mismo fenómeno o las mismas personas durante un período largo (meses, años o incluso décadas).
Por ejemplo, seguir a un grupo de niños desde primaria hasta la universidad midiendo su rendimiento escolar cada año, o estudiar cómo cambia el consumo de alcohol en una cohorte de jóvenes durante 10 años.
La elección del tipo de investigación que te conviene utilizar no es un simple formalismo. De hecho, es lo que determina el éxito o el fracaso del proyecto. Esto es lo que debes aplicar para tomar una buena decisión:
Nuestra sugerencia final (y quizás la más importante) es que empieces por responder: ¿Qué quiero saber exactamente? Luego revisa cuánto tiempo y dinero tienes, y si hay mucha o poca información ya escrita sobre tu tema.
Si sigues esta vía, vas a elegir el tipo que mejor responda a tu pregunta sin complicarte demasiado la vida.
Sin duda alguna, comprender los diferentes tipos de investigación y sus características te permite tomar decisiones más acertadas desde el inicio de cualquier proyecto, para evitar posibles errores metodológicos, pérdida de tiempo y resultados poco fiables.
Cuando eliges con cabeza el enfoque, el alcance, el diseño y la fuente de datos, no solo mejoras la calidad de tu trabajo, sino que también optimizas el proceso de análisis y obtención de conclusiones.
Si todavía tienes dudas sobre qué tipo de investigación se adapta mejor a tu proyecto, trabajo académico o TFG, no tienes por qué enfrentarlo solo. En TFG Master puedes contar con asesoramiento especializado para definir la metodología adecuada. Contáctanos.
No exactamente, ya que los tipos de investigación hacen referencia a la clasificación metodológica general del estudio (enfoque, alcance, diseño o fuente de datos), mientras que los tipos de estudio describen la forma específica en que se aplica esa investigación, como un estudio de caso, un estudio comparativo o un análisis transversal.
Sí, es totalmente válido combinar varios tipos de investigación siempre que exista coherencia metodológica.
No existe un único tipo ideal, ya que la elección depende del objetivo del estudio, la disponibilidad de datos, el tiempo y el nivel académico.